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Jessica Marie |
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Nace en San
Juan de Puerto Rico, el 23 de abril del año 70, la tercera de
cinco hermanos dentro de una modesta familia de cursillistas
comprometidos. Vivió la caridad cristiana en el seno de su hogar,
y sobre esta experiencia nos dice: “Si al vecino le faltaba bocado,
siempre aparecía una bolsa de víveres para él; y cuando alguien
estaba enfermo, nunca faltaba un plato de sopa, una guitarra, y
una voz para levantarle el ánimo.”
A los 6 años cantó por primera vez en el coro del colegio. Desde
ese momento no cesó de cantar, y cualquier cepillo de pelo o
cuchara se convertía en micrófono para ella. También participó con
fervor en los coros parroquiales, y a los 15 años de edad entra al
conocido ministerio de música Alfareros de Cristo, de la Parroquia
Santa Clara de Asís en Carolina, Puerto Rico.
A los 18 años descubre el verdadero amor de Cristo y su llamado al
compromiso cristiano en su experiencia de Cursillos de Cristiandad.
Sin embargo, las clases de Teología en la universidad la alejaron
de Dios, agobiada y dudando de todo lo aprendido antes. A los 19
años se aleja del hogar y pasa hambre; hambre física, espiritual y
hambre de amor. Buscando llenar el vacío en su vida, en contra de
todo y de todos, contrae matrimonio, que no duró más de 18 meses.
Luego de esos duros fracasos, a los 24 años, Jessica es otra mujer
que, cual hijo pródigo, regresa a la casa de sus padres. Más tarde
encuentra el amor en Tony Ríos, con quien contrae nupcias. Ese
amor ha procreado tres amores adicionales, varones todos, que
alegremente le consumen las “veintiocho” horas del día.
En el año 2000 se trasladó con su familia a Pembroke Pines,
Florida, y ese mismo año le solicitaron dirigir el Ministerio de
Música Hispano de la Parroquia San Maximiliano Kolbe. Aceptó sin
imaginar lo que Dios pondría en su camino unos años más tarde: En
su deseo de aprender y de enseñar a otros los compromisos del
ministerio de música, lleva su coro al primer Taller de Liturgia y
Canción ofrecido en Miami por la Oregon Catholic Press. Allí
conoce a Rodolfo “Rudy” López, presentador del taller, quien la
invita a formar parte del grupo que interpretaría los cantos
litúrgicos en el concierto del año siguiente. En ese concierto
conoce a otros músicos evangelizadores, entre ellos la cantautora
nicaragüense Sara Torres y a su arreglista y productor artístico,
el peruano Alberto Coppo.
Impresionada Sara Torres con la presencia escénica e
interpretación de Jessica, la invitó a participar en la grabación
de los coros de su producción "Pasión y Anhelo". De esa relación y
experiencia, Jessica descubre su llamado a evangelizar poniendo
los dones recibidos al servicio de los demás; su voz y su
creatividad en la composición. Jessica es muy expresiva y como tal
exclama: “¡La música es todo y todo es música! La música mueve
sentimientos, crea conciencia, despierta el alma, toca corazones,
te hace reír, te hace llorar, te hace interiorizar…”.
“Cuando Jessica canta, se adueña del escenario, cautiva a la
audiencia con una voz que resuena y lo llena todo con gran fuerza.
Jessica es alegría y pasión y si éstas vienen de la Fuente de todo
bien que es Cristo Jesús, no cabe duda de que su mensaje de
esperanza alcanzará a muchas almas”.-Sara Torres
“En lo personal pienso que Jessica tiene una gran imaginación
musical y que es una persona comprometida con su trabajo
evangelizador y muy apasionada en sus composiciones. Jessica
cautiva la audiencia con su presencia escénica, con una fuerza que
es imposible de ignorar.” -Rudy López
“Al revisar sus canciones me di cuenta de que su estilo de
escribir y componer traerían algo nuevo a un género musical que
está creciendo. Jessica es diferente.. muy llena de dinamismo,
dedicación y enfoque. Sin duda alguna, una nueva artista en el
género de música católica hispana” –Albert Coppo
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